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Winnicott define el setting como «la suma de todos los detalles de la técnica». Propongo —por razones que se verán en el desarrollo del tema— que adoptemos el término situación psicoanalítica para la totalidad de los fenómenos incluidos en la relación terapéutica entre el analista y el paciente. Esta situación abarca fenómenos que constituyen un proceso, que es el que estudiamos, analizamos e interpretamos; pero incluye también un encuadre, es decir un «no-proceso» en el sentido de que son las constantes, dentro de cuyo marco se da el proceso.1
La situación analítica puede ser así estudiada desde el punto de vista de la metodología que ella significa; el encuadre correspondería a las constantes de un fenómeno, un método o una técnica, y el proceso al conjunto de las variables. Sin embargo, aquí será dejado de lado este aspecto metodológico, y sólo lo citamos para que se comprenda que un proceso sólo puede ser investigado cuando se mantienen las mismas constantes (encuadre). Es así que dentro del encuadre psicoanalítico incluimos el papel del analista, el conjunto de factores espacio (ambiente) temporales y parte de la técnica2 (en la cual se incluye el establecimiento y mantenimiento de horarios, honorarios, interrupciones regladas, etc.).
Me interesa ahora el psicoanálisis del encuadre psicoanalítico, y existe una literatura importante sobre la necesidad de su mantenimiento y sobre las rupturas y distorsiones que el paciente provoca del mismo en el curso de cualquier análisis (en grados y características variables: desde el exagerado