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Es en 1913, en «La iniciación del tratamiento», ese artículo en el que Freud comienza comparando el proceso analítico con «el noble juego del ajedrez» donde sólo las aperturas y los finales pueden ser pautados, en que el autor anuncia su propósito de reunir justamente «algunas de esas reglas para uso del analista práctico en la iniciación del tratamiento». Aclara que «algunas de esas reglas pueden parecer insignificantes y quizá lo sean» y añade que son «reglas de juego», «simples consejos sin exigir estrictamente su observancia, pero que su significancia debe ser deducida de la totalidad del plan […]. La extraordinaria diversidad de las constelaciones psíquicas, la plasticidad de todos los fenómenos psíquicos y la riqueza de los fenómenos que hemos de determinar, se oponen también a una mecanización de la técnica y permiten que un procedimiento generalmente justificado no produzca en ocasiones resultado positivo alguno, o inversamente, que un método defectuoso logre el fin deseado. De todos modos, esas circunstancias no impiden señalar al médico normas generales de conducta».
Nunca más, ni antes ni después de este artículo, hallaremos en su obra una exposición tan detallada de eso que, más tarde, hemos dado en llamar setting, «encuadre» o «marco». Y sin embargo, salvo escasas modificaciones que hacen más al marco temporal que al espacial (duración de las sesiones: una hora para Freud, 45-50 minutos en la actualidad; frecuencia de las mismas, que el propio Freud redujo de seis a cinco semanales), hoy en día, la mayoría de los psicoanalistas continuamos trabajando con el mismo dispositivo que él nos aconsejó.
La razón de ello quizás la podamos encontrar ya en esos primeros párrafos que acabo de citar. Ahí, además de destacar dos rasgos importantes