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Los trabajos que existen de psicoanálisis aplicado al encuadre son muy numerosos: desde la concepción de encuadre como objeto de estudio ajeno a la relación analítica, hasta la del encuadre interno, encontramos toda clase de variantes, de versiones según las diferentes escuelas psicoanalíticas e incluso de confusiones en cuanto a las nociones de marco, límite, distancia, círculo, cerramiento, restricción, repetición, protección. Las connotaciones que pueden darse al concepto de encuadre psicoanalítico pueden encerrar algunas contradicciones aparentes: entre límite y no límite, entre restricción y libertad, entre reglas y juego.
El título intenta poner en relación estos contrastes: El cielo protector es una novela de P.F. Bowles llevada al cine por B. Bertolucci: aunque no sea mi intención hacer un resumen, sí puedo destacar el aspecto contradictorio entre el sol que genera energías y el sol que quema o mata, entre la búsqueda de la libertad y la destrucción, entre la ilusión y la degradación.
El encuadre psicoanalítico puede también tener esos contrastes: de protector, puede transformarse en un caos; de espacio abierto al pensamiento, en círculo cerrado; de apertura en la relación, en degradación de los intercambios.
Los llamados elementos del encuadre pueden generar estas aparentes contradicciones: las horas fijas y la atención flotante, el espacio determinado y la escucha, el ritmo y la libre asociación, el relato y la neutralidad, los honorarios y la ética, etc.
Para los que pensaran el encuadre como un conjunto de reglas protectoras