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En el trabajo clínico con adolescentes me gusta imaginar el encuadre como una cancha de juego en la que tiene lugar la partida del análisis. Mas este terreno de juego está muy expuesto a la cólera de los elementos, convirtiéndose en escenario de actuaciones muy diversas (ausencias, retrasos, silencios, dificultades para pensar, para asociar y para que la palabra remita a otra cosa…) que ponen en aprietos al analista, comprometen su función y la posibilidad misma de un análisis.
¿Por qué ocurre esto? Desde mi experiencia clínica con cuatro pacientes adolescentes, dos mujeres y dos varones, pretendo sacar algunas conclusiones sobre las tramas específicas que intervienen en los problemas con el encuadre. Freud mismo en Análisis terminable e interminable afirma que el planteamiento del problema de la curación por el análisis «debería referirse a los impedimentos que obstan a la curación analítica» (Freud, 1937).
Adolescente varón que acude a mi consulta traído por su madre a causa de dificultades de integración en el colegio; los problemas de inadaptación culminaron con una amenaza de expulsión del centro escolar.
De su historia destacaré que sus padres se separaron cuando Guillermo tenía ocho años, desde entonces vive con su madre y no ha vuelto a ver a su padre.