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Esta pequeña nota sobre la contratransferencia fue estimulada por ciertas observaciones que he hecho en seminarios y supervisiones. Me ha llamado la atención la idea que tienen no pocos candidatos de que la contratransferencia no es más que fuente de problemas. Muchos, al darse cuenta de los sentimientos que tienen hacia sus pacientes, sienten miedo y culpabilidad y en consecuencia intentan evitar cualquier respuesta emocional, queriendo sentirse totalmente desprovistos de sentimientos, y «distanciados».
Cuando intenté encontrar el origen de este ideal del analista «distanciado», descubrí de hecho que nuestra literatura ofrece descripciones del trabajo analítico que pueden dar lugar a la noción de que un buen analista no siente otra cosa que una benevolencia uniforme y vaga hacia sus pacientes, y que cualquier susurro de emoción que aparezca en esta superficie regular representa una perturbación que hace falta superar. Esto puede haber surgido por una mala interpretación de ciertos escritos de Freud (1912e), tales como la comparación que hace con el estado de ánimo del cirujano durante una intervención, o en su símil del espejo. Por lo menos esto es lo que me han comentado en discusiones sobre la naturaleza de la contratransferencia.
Existe también otra escuela de pensamiento, la de Ferenczi, que no sólo reconoce que el analista experimenta una diversidad de emociones hacia sus pacientes, sino incluso recomienda que éstas se expresen abiertamente. Alice Balint, en un trabajo de una gran calidez humana, «Handhabung der Übertragung auf Grund der Ferenczischen Versuche» , sugiere que esta honestidad en el analista sirve de ayuda, y está de acuerdo con el respeto hacia la verdad inherente al psicoanálisis. Aunque admiro su actitud,