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Fue un placer para mí aceptar la invitación a participar en este simposio, y creo que el recuerdo de una ocasión anterior, en la cual el Dr. Fordham y yo intercambiamos ideas, tuvo algo que ver con mi decisión.
Además, me alegró mucho volver a tener la oportunidad de pensar de nuevo sobre un problema tan fundamental que aparece en nuestro trabajo diario, y de retomar mi anterior trabajo sobre la contratransferencia, al cual había hecho referencia el Dr. Fordham, y poder comparar mis puntos de vista de entonces con mis ideas actuales y con las ideas de otros autores. Me complace pensar que mi trabajo estimuló la discusión sobre el tema. A partir de entonces han aparecido otros trabajos que han hecho aportaciones importantes.
Mi pequeño trabajo fue resultado de unas observaciones que me motivaron a prestar atención a los problemas de la contratransferencia.
En las supervisiones observaba que muchos candidatos se esforzaban por parecer inhumanos, al no haber comprendido las recomendaciones de , particularmente cuando comparó la actitud del analista con la del cirujano. Los candidatos sentían tanto temor y culpabilidad cuando surgían en ellos sentimientos hacia sus pacientes, que los apartaban a través de la represión y técnicas de negación, en perjuicio de su trabajo. Pero no era sólo porque perdían sensibilidad en su percepción de eventos dentro de la situación analítica, al sentirse tan preocupados y en conflicto con ellos mismos, sino porque utilizaban también defensas contra el paciente, aferrándose a la teoría o al pasado del paciente, y ofreciendo interpretaciones intelectuales muy inteligentes. Además, tendían a pasar