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Don Juan se resuelve contra la moral porque la moral se había sublevado antes contra la vida. Sólo cuando exista una ética que cuente, como su norma primera, la plenitud vital, podrá Don Juan someterse.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET
Dice Francisco Nieva (1995) que «pocas cosas entusiasmaron tanto a Dalí como la visualización teatral del drama de Zorrilla. Sus chafarrinones, en el sentir y pensar de Ortega, eran la caligrafía de otro lenguaje».
Es por esta vía, es decir, justamente por el lado de lo que numerosos críticos —y el propio Zorrilla— han calificado de errores en la composición formal e interna de la obra, que Nieva va a calificar al Don Juan Tenorio de Zorrilla como «obra visionaria» que en su vertiente onírica la acercaría al surrealismo: «todos los desaciertos de preceptiva —o sea, torpezas— del Tenorio son claros exponentes del estado pre-lógico que presenta a nuestros ojos de hoy la obra de arte. Hay, sin embargo, en el Tenorio un orden cerrado y una “verosimilitud inventada” y un sentido del personaje emblemático