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El título de este número reproduce el de una de las últimas obras de Freud publicadas en vida, para muchos pesimista y para otros realista en cuanto a los resultados de la cura psicoanalítica. La repercusión que tuvo en Freud el análisis del Hombre de los Lobos, y su evolución, así como sus teorizaciones sobre su última teoría de las pulsiones, con la introducción de la pulsión de muerte, tuvieron, a mi entender, una gran importancia en la génesis y fundamentos de esta obra.
Desde el primer momento nos encontramos con lo que podríamos considerar aparentemente una gran contradicción. Así, la terminación del tratamiento analítico da lugar al análisis interminable. No en vano el inconsciente no tiene fin. Así, junto a un trabajo finito por parte del analista, el inconsciente continuará su trabajo, y la primera pregunta que se nos plantea es cómo esto se hará posible. Pero, por otro lado, nos encontramos con el tratamiento interminable, que en este caso da también lugar a un análisis por supuesto interminable; aunque en su lugar diríamos más bien un análisis imposible. En este último caso se plantean diferentes alternativas: fracasos del tratamiento psicoanalítico por fallos en el paciente o en el analista; y por último la reacción terapéutica negativa, que hemos querido también incluir en el título de nuestro número de la revista. Reacción terapéutica negativa en la que el paciente, a pesar de continuar viendo a su psicoanalista, no llega a instalar su funcionamiento analítico, o éste permanece interrumpido.
Así, se abre ante nosotros psicoanalistas diferentes interrogantes, cuyas respuestas las podemos encontrar en primer lugar como pacientes que fuimos un día, en el diván de otro psicoanalista, y que más tarde dejamos de ser; en segundo lugar como analista que somos y que de tiempo en tiempo nos despedimos de nuestros pacientes; y por último como analistas que nos enfrentamos a aquellos análisis imposibles, y por lo tanto a tratamientos interminables.