You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Su enigma está casi totalmente resuelto; se siente perfectamente bien y su manera de ser ha cambiado por completo; de los síntomas subsiste todavía un resto. Comienzo a comprender que el carácter en apariencia interminable (Endlosigkeit) de la cura es algo acorde a ley y depende de la transferencia. Espero que ese resto no menoscabe el éxito práctico. En mis manos estaba continuar la cura, pero vislumbré que ese es un compromiso entre salud y enfermedad, compromiso que los propios enfermos desean, y por eso mismo el médico no debe entrar en él. La conclusión asintótica de la cura a mí me resulta en esencia indiferente; decepciona más bien a los profanos. En todo caso, mantendré un ojo vigilante sobre este hombre…1
Desde los comienzos, la teoría freudiana de la neurosis explica que la enfermedad surge y se sostiene porque proporciona una satisfacción. A través de la formación de síntomas, el paciente consigue reducir las tensiones que le genera el conflicto psíquico, en virtud del principio de placer que rige el proceso neurótico.
Los síntomas, al ser productos de compromiso entre dos aspiraciones opuestas, sustituyen tanto a lo reprimido como a lo represor, teniendo siempre el carácter de satisfacción sexual, sea cuando buscan obtenerla o cuando se erigen como defensa. Están al servicio de la satisfacción sexual pues lo que el deseo moviliza como retorno, es un modo de satisfacción sexual propia de la vida infantil, que fue reprimida.
En escritos posteriores, el tema de la satisfacción se complejiza, y los síntomas «[…] han de comprenderse como una satisfacción sustitutiva de lo