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En su introducción al artículo de Freud «Análisis terminable e interminable» , J. Strachey señala el pesimismo de su autor en relación con la eficacia del psicoanálisis, debido a las dificultades y resistencias que plantea. Estas últimas tendrían su origen en factores biológicos (tales como la intensidad constitucional de las pulsiones y la debilidad del Yo en las crisis biológicas) y en la pulsión de muerte, relacionada con el masoquismo y la reacción terapéutica negativa. El escepticismo de Freud se hace extensivo a la capacidad de la técnica psicoanalítica para prevenir en los pacientes la presentación de nuevas descompensaciones o la recaída en las crisis que ya fueron tratadas.
La prolongada experiencia profesional del fundador del psicoanálisis a estas alturas de su vida le permite exponer con valentía dos casos clínicos en los que basar sus reflexiones acerca de los problemas que encontramos para culminar con éxito un tratamiento psicoanalítico. En el primero de ellos, referido al análisis del Hombre de los Lobos, Freud describe cómo, tras una mejora inicial en la calidad de vida y en el nivel de autonomía general del paciente, éste se instaló en una dependencia pasiva respecto del terapeuta que bloqueó el proceso analítico impidiendo la terminación de la cura. Por este motivo se vio obligado a fijar un plazo para la terminación del análisis que permitió a paciente y analista salir de la situación de estancamiento. El segundo análisis de Sergio Pankejeff (que así se llamaba el Hombre de los Lobos) con Freud fue realizado por consejo del analista para «liquidar un pequeño residuo de material no analizado». Posteriormente, nuestro paciente fue analizado en dos ocasiones más por Ruth Mack Brunswick, alumna de Freud, a causa de lo que este último describe como restos transferenciales de carácter paranoico.