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El final de la cura psicoanalítica plantea numerosas cuestiones importantes que se encuentran de tal manera articuladas entre sí, que resulta artificial e inevitablemente incompleto intentar tratarlas por separado. En este artículo, y obligado por la brevedad del espacio disponible, intentaré referirme a una cuestión concreta, el tema del devenir de la idealización, centrándome en los ejes del desarrollo evolutivo y tratando de plantear la necesidad, tanto teórica como práctica, de escapar de la concepción cerrada que sostiene que todo el desarrollo de la idealización se limita al trayecto yo ideal-ideal del yo, dando como punto final de la maduración individual, tanto inevitable como deseable, la instalación de la estructura superyoica con sus aspectos de autoobservación, crítica e ideal del yo.
Comenzaré por abordar el desarrollo humano siguiendo el eje que forman las distintas características que va adoptando la angustia desde el nacimiento hasta la madurez.
En varios de sus textos y principalmente en Inhibición, síntoma y angustia (1925), Freud trata el tema y establece una secuencia que se inicia con las sensaciones de angustia propias del desvalimiento del recién nacido, quien solo atina a descargar el displacer vivenciado, a través del llanto y de la agitación muscular.
La paulatina percepción de la presencia de la madre, asociada a los momentos de bienestar, y vivida en los primeros tiempos del niño como parte indiferenciada de sí mismo, y luego como objeto en vías de diferenciación, permite un segundo paso en que la angustia aparece no sólo cuando hay malestar orgánico presente, sino también cuando se produce la ausencia materna.