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Es el otro que nos habla, el otro que nos mira, el que vincula, en esa mirada, la voz de las necesidades de la vida o esa otra voz que comienza a nombrar lo ausente y, en ello, lo deseado, lo soñado, lo ideado.
La clínica psicoanalítica contemporánea nos lleva a ocuparnos y cuestionarnos sobre el pensar, lo que nos remite a la constitución de los procesos del pensamiento y a la problemática específica de la simbolización.
Diferentes autores, entre ellos Green, nos muestran que el efecto de la angustia de separación-intrusión recae esencialmente sobre los orígenes de la formación del pensamiento y produce trastornos que podemos ver en primer plano en nuestros pacientes límite y más específicamente en los psicóticos. Asimismo, en muchos pacientes neuróticos, una escucha atenta de nuestra parte nos lleva a descubrir que su compulsión de repetición y sus resistencias, están ligadas a trastornos de simbolización, que impiden en el interior mismo del psiquismo, un trabajo de pensamiento. La experiencia con ellos nos muestra que, nuestras intervenciones interpretativas deben ir ligadas a una teoría del pensamiento; permitiendo así en el paciente la construcción de un sentido ausente.