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El título es ambicioso, el trabajo en sí lo es menos; su objeto está ligado a una pregunta que se viene planteando, desde ya hace tiempo, sobre el papel que desempeña la rememoración, el levantamiento de la represión, o mejor dicho la construcción y no la reconstrucción, en los casos en que la hipótesis de traumas precoces —anteriores a la adquisición del lenguaje— impide el retorno de los recuerdos que serán sustituidos entonces por la actualización en la transferencia. En efecto, lo que se vive en ese momento, en el transcurso de la cura, se vive por primera vez (o como por primera vez, puesto que es enunciable por primera al objeto y por el objeto, por lo menos así lo creo yo).
Se plantea aquí también la cuestión de la definición de la transferencia misma que parece restrictiva e insuficiente.
En Le temps éclaté, capítulo 9 («Transfert, répétition, liaison»), A. Green propone la denominación siguiente: «Rememoración amnésica fuera del campo de las memorias conscientes e inconscientes». En mi opinión, la idea de una rememoración amnésica conviene perfectamente para definir aquellos fenómenos que desbordan la noción de transferencia como desplazamiento, que sin embargo contiene el término mismo.
Un paciente al que he llamado Vania (hablé de él en Deauville para referirme a la noción de huellas implicada en la elaboración psíquica) llega hace poco tiempo a una sesión. Oigo sus pasos en el porche y luego nada.
Me extraña no oír el telefonillo, dudo si levantarme e ir hacia el recibidor. Me parece oír unos pasos, de forma casi imperceptible. Pasan cuatro minutos aproximadamente y suena el teléfono. Tengo el contestador