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Es un momento propicio para pensar en nuestra práctica siendo para ésta una época de crisis. El psicoanálisis ha acentuado lo que fue su descubrimiento y su grandeza inicial: la teoría del inconsciente y el mundo representacional evolucionando hacia la concepción del mundo interno basado en las primeras experiencias infantiles. No pudo prevenir el riesgo de un desenvolvimiento que, en parte, se fue haciendo solipsista y sin mucho lugar para la inscripción de lo nuevo. Por ejemplo, la transferencia, su herramienta técnica por excelencia, se apoya en una rica teoría de la memoria y la repetición de aquellas experiencias pasadas o en la reactualización de los mecanismos mentales en el aquí y ahora de la sesión. No se ha tomado suficientemente en cuenta el papel de lo nuevo, de las inscripciones surgidas en el propio vínculo transferencial.
En este relato, comenzaré con unas palabras acerca de las prácticas analíticas y sobre la aplicación y la ampliación y espero poder mostrar luego un desarrollo posible y superador del punto de vista solipsista y de posibilidad de inclusión de lo novedoso.
Como sabemos, psicoanálisis es el nombre de una triple práctica: I) la de una terapéutica para funcionamientos mentales-emocionales, II) la investigación de los fenómenos inconscientes que lleva a III) la producción de una metapsicología1 que lleva a la teoría psicoanalítica.