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Aunque la discusión de J.A. Lorén se presenta como un contrapunto a la exposición de R. Cruz Roche, parte de un postulado común: la dificultad que tiene la mente humana para comprenderse a sí misma. Se sitúa, después, en oposición a la afirmación de Freud acerca de que «la conciencia es el órgano sensorial que capta las cualidades psíquicas», especialmente cuando se trata de determinadas formas de funcionamiento mental, como la psicosis, la patología borderline o la parte psicótica de la personalidad en los neuróticos.
El discutidor discrepa en el uso del término «cura», por considerarlo excesivamente saturado de significado médico y basado, por tanto, en una concepción estática y unilateral del trabajo analítico, en cuanto al «supuesto saber» del analista y también demasiado ligada al deseo consciente de analista y paciente. Ofrece, como alternativa, el término de «trabajo analítico» que incluye la idea de proceso, tomando como referencia la comprensión del mismo por parte de Bion.
Al final, tesis y discusión coinciden en la manera de entender el encuadre y la interpretación, eje en el que R. Cruz centra su metapsicología de la cura y en la necesidad de construir más que de interpretar, de significar más que resignificar, cuando se trabaja con ausencia de representaciones, es decir, con pacientes en los que ha operado una no construcción o una destrucción de la memoria, la atención o la indagación, funciones relacionadas con el uso de los pensamientos (Eje horizontal de la Tabla de Bion). J.A. Lorén concluye subrayando que el trabajo analítico debe tender al desarrollo del