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La discusión de Guillermo Onrubia se centra fundamentalmente en dos puntos: la identidad psicoanalítica y los modelos teóricos.
Las peculiaridades de la paciente susceptibles, según su diagnóstico precedente, de ser abordadas bajo el prisma de la psiquiatría dinámica, permitirán al discutidor subrayar los elementos del método psicoanalítico que lo diferencian de otras técnicas: la asociación libre que va a favorecer la emergencia del deseo inconsciente y su escucha mediante la atención flotante del analista.
En cuanto a los modelos teóricos, Onrubia insiste, siguiendo a Wallenstein, en su relatividad: frente a la pretensión del descubrimiento de la verdad histórica del paciente, las líneas teóricas que puede seguir la interpretación, no son sino metáforas incompletas y no verdades de hecho.
En una observación sobre la intervención más llamativa de I. Usobiaga en el curso del tratamiento (página 102), en una sesión extra, pone en duda su carácter psicoanalítico aunque admite su eficacia.
Los comentarios individuales al trabajo de Isabel Usobiaga, dentro de cada uno de los grupos, ponen de manifiesto la complejidad de la clínica y su comprensión desde distintos enfoques, teorías o puntos de vista.
Así, en cuanto al diagnóstico, descartando la perspectiva psiquiátrica que presenta a la paciente como bipolar y centrados ya en un enfoque psicoanalítico,