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Iniciamos este número monográfico de la Revista con un artículo de B. Arensburg y J.G. Martínez Verdú sobre «Histeria, depresión y duelo». Los autores introducen el tema señalando que Freud, en la observación clínica de los Estudios sobre la histeria y en el Análisis fragmentario de una histeria, ya relaciona la histeria con depresión o con estado de ánimo depresivo. Es fundamentalmente A. Green, entre los psicoanalistas actuales, el que establece una serie de importantes parámetros que ponen en conexión a ambas entidades clínicas.
Basándose en una significativa muestra de pacientes histéricos de ambos sexos analizan, primero, las características estructurales, sintomatología, modalidad de la relación objetal y transferencial, apelación a la medicación, etc., que presentan los pacientes histéricos sin quejas depresivas; el límite terapéutico en estos pacientes lo constituye «la roca viva» del rechazo de la castración, debido a la estructuración narcisista extrema. Exponen, a continuación, minuciosas reflexiones sobre rasgos de los pacientes histéricos que sí se deprimen: inicio de una historia personal patógena, alternancia de estados de angustia y de depresión regresiva, atribución siempre al otro de su fracaso doloroso e inversión del funcionamiento psíquico con respecto al melancólico: acusación al objeto —exculpación del sujeto en el plano consciente y culpabilidad de éste en el inconsciente.
Los autores dedican especial atención a abordar las relaciones tópicas singulares de estos pacientes histérico-depresivos, debido a los efectos de la severidad del superyo y al empobrecimiento constante y/o fluctuante de las investiduras narcisistas del Yo. Las fantasías de refiliación, la dificultad de elaboración de la sexualidad psíquica, la fuerza del deseo y la imposibilidad de su realización son, entre otros, algunos de los factores que desencadenan la depresión en estos pacientes histéricos.
Finalmente, Arensburg y Martínez Verdú, ponen en relación la queja depresiva de