You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
[…] durante ese tiempo, la existencia del objeto perdido perdura psíquicamente.
¿En qué medida el advenimiento de un duelo no libera en algunos seres predestinados una fuerza creadora suplementaria que da el empuje definitivo a una obra en gestación?
Freud decía que «un estado de sufrimiento moderado es necesario para llevar a cabo cualquier trabajo intenso».
Cuando el sufrimiento no es ya moderado sino brutal como en el duelo, el psiquismo, invadido por fuerzas pulsionales contradictorias, tiende a buscar nuevas vías de descarga para evacuar ese exceso económico abrumador. La pérdida se resolverá de forma normal o patológica requiriendo un trabajo de duelo más o menos largo y complicado según la estructura del sujeto.
¿Deberíamos añadir a los dos tipos de duelo mencionados por Freud —normal y patológico— un tercer tipo que algunos individuos experimentan y que podríamos llamar duelo creativo? ¿Y cuáles serían los destinos y las transformaciones de la libido en este caso? Todos los duelos normales no desembocan en una sublimación; el sujeto se limita a recuperar el interés por la vida y sus antiguos investimientos, o descubre otros nuevos. «La vía de la sublimación […] no se abre con la misma amplitud ante todos, y no todo se puede sublimar.»1
¿Qué predomina en una creación fruto del traumatismo que supone una pérdida afectiva: el sentimiento de culpabilidad y la tentativa de reparar