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Antígona, esta santa del paganismo helénico, que sufrió martirio por su hermano Polineces, y por confesar su fe de que las leyes eternas de la conciencia, las que rigen en el eterno mundo de los muertos, en el eterno mundo de la inmortalidad, no son las que forjan los déspotas y tiranos de la tierra, como era Creonte.
Los ritos funerarios que acompañan al enterramiento del cadáver, la prohibición del canibalismo y la prohibición del incesto se consideran los principios fundantes de la civilización y de la cultura. Los primeros enterramientos hallados, que atestiguan la creencia en la vida después de la muerte, aparecen entre los años 50000 y 30000 a.C.
La práctica de los cazadores de cabezas y el canabismo fueron actividades habituales en el paleolítico. A este periodo pertenecen los enterramientos que permiten deducir la presencia de rituales mortuorios basándose en la disposición de los huesos del cadáver, especialmente del cráneo.
La desaparición progresiva del canibalismo en el neolítico va dejando paso a la práctica de rituales de sacrificios humanos, especialmente mujeres y niños, que será desplazada por la ritualización del sacrificio de animales domésticos. En el periodo pre-helénico, al que pertenece Sófocles, el enterramiento del cadáver y la prohibición del canibalismo eran logros culturales consolidados.