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El proceso necesario para la formación y maduración de la mente humana, especialmente en el niño, nos despierta interrogantes encamina-dos hacia diferentes direcciones. Por un lado, al papel del espacio social y cultural que envuelve el espacio de la familia y fundamentalmente al de los padres, agentes organizadores de la mente del niño que sirven de puente al hijo para su acceso al mundo cultural y social, y finalmente el del propio niño que, dentro de las limitaciones que tiene por edad y dependencia de sus padres, es capaz por sí mismo como agente activo de tener un espacio propio de deseos, puede enfrentarse al conflicto que la realidad de la vida tanto externa como interna le depara, así como diseñar estrategias defensivas.
Quiero en este trabajo rastrear la relación entre estos diversos espacios mentales y el narcisismo. Espacios que necesitan mantener una intercomunicación entre sí, en un equilibrio difícil. Desde la atalaya de observación en el trabajo con niños y sus familias se pueden detectar los borramientos, diluciones o invasiones de estos espacios. Es mi intención acercarme a entender estas situaciones y su repercusión en el niño, en el manejo de sus capacidades para afrontar y elaborar los sentimientos depresivos presentes en los duelos, cuyo fracaso conduce a la depresión infantil.