You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
La relación entre el lenguaje y la experiencia tuvo gran importancia en la interpretación que hizo Freud del Inconsciente, y las palabras, el discurso, desempeñaron un papel fundamental en su teoría del consciente (Freud, 1915). Encontrar las palabras adecuadas para describir una experiencia es fundamental, tanto en el proceso psicoanalítico como en otras psicoterapias habladas, y parte necesaria de la técnica del psicoterapeuta reside en una sensibilidad a los matices del lenguaje.
El lenguaje fue también tema fundamental de interés en la filosofía del siglo XX, y encontramos sus orígenes en los trabajos del Círculo Vienés de los Positivistas Lógicos (Ayer, 1936). Este grupo centró su interés en la posibilidad de que algunas formas de lenguaje llevasen a conclusiones erróneas; que se llegara a creer que se decía algo significativo cuando en realidad se trataba de algo sin importancia. Así que, aunque su manera de enfocar el tema era muy distinta al enfoque que tenía Freud, compartían cierto escepticismo relativo a la posibilidad del lenguaje de describir la verdad.
Para Freud, la verdad era una experiencia corporal e incorporada —más extensa y diferente de lo que pudiera una persona expresar en palabras. Para los positivistas, la verdad constituía algo diferente, algo que residía en parte dentro de la misma estructura del lenguaje, aunque dependiendo también de la posibilidad de una verificación empírica. Por ejemplo: se consideraba que muchos discursos carecían de sentido e importancia, simplemente porque tenían la apariencia de un hecho sustantivo, mientras que en realidad sólo constituían una forma de las palabras. Si partiésemos de esta base, habríamos