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Ce temps qui ne passe pas n'est pas la négation du temps qui passe. Il en est l'accomplissement.
Uno de los aspectos más originales y revolucionarios que nos aportó S. Freud con su pensamiento fue la posibilidad de abordar el tiempo humano desde la perspectiva psicoanalítica. Si bien Freud en el Proyecto de Psicología (1950 [1895]), en Más allá del principio de placer (1920), y en la «Nota sobre la pizarra mágica» (1925), consideró que la noción del tiempo es un hecho de la conciencia, como lo entendía la cultura occidental desde san Agustín a Hegel, en varios de sus trabajos, como La interpretación de los sueños (1900), Lo inconsciente (1915b) y, más tarde, en la 31.a de las Nuevas Conferencias sobre Psicoanálisis (1933 [1932]), nos dice que tanto los procesos psíquicos del Inconsciente como del Ello se caracterizan por ser atemporales, según la traducción de J.L. Etcheverry de Zeitlos, y por hallarse fuera del tiempo, según la traducción de L. López-Ballesteros (1915c, t. 1, p. 1.061), «esto es, no aparecen ordenados cronológicamente, no sufren modificación ninguna por el transcurso del tiempo y carecen de toda relación con él».
Hallarse fuera del tiempo cronológico nos da cuenta de la fuerza, validez, permanencia, intemporalidad y actualidad de esos procesos, por lo que en ese sentido pienso que la traducción de López Ballesteros refleja mejor la cualidad de la irrupción pulsional independiente del tiempo. Esta temporalidad especial del inconsciente, según J. Kristeva (1995), se refiere a la indestructible pulsión que se manifiesta, en primer lugar, como principio de placer buscando el cumplimiento de deseos y, más tarde, de forma más explícita, insistiendo en la repetición y en la compulsión a la repetición, como