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Escribir sobre psicoanálisis entraña no pocas dificultades. Por un lado, nos enfrentamos al problema de la definición de los conceptos; definición, que en ocasiones puede ser tan rígida, que impide articular el concepto con el resto de la teoría; o bien el concepto puede estar cargado con significados múltiples, que no sólo se pueden contradecir entre sí, sino que pueden entrar en conflicto con los constructos teóricos con los que necesariamente deben convivir.
Es éste el sentido que voy a darle al abordaje de un concepto cuya importancia teórica es fundamental porque define ese lugar de la clínica que denominamos «la escucha del analista». De este modo, «la temporalidad», que en principio podría parecer un tema de abstracción, más propio de la filosofía, de la metafísica del ser o de la epistemología, se convierte en una cuestión de índole práctica que marca de forma significativa la posición del analista, su modo de escuchar y de decir.
La importancia, entonces, de la temporalidad en psicoanálisis, radica en las consecuencias que tiene para la clínica; pero además es importante desde una perspectiva epistemológica porque, como propuesta, es uno de los aportes freudianos que más han incidido en el pensamiento occidental.
Voy a abordar este trabajo tratando de definir las diferentes perspectivas que la temporalidad ha tenido en los desarrollos freudianos, el modo en que estas perspectivas se solidarizan con ciertos conceptos y la manera en que han influido en los desarrollos psicoanalíticos en lo que a la clínica se refiere. Sobre el fondo de una atemporalidad del inconsciente, se han ido desplegando el tiempo del trauma, el tiempo de la repetición y el tiempo de