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El concepto de borderline fue formulado por Kraepelin en 1883 como una «forma atenuada de esquizofrenia», y por Kahlbaum en 1885 con la heboidofrenia. Como entidad nosológica ubicada entre las neurosis y las psicosis aparece en la clasificación de Kraepelin en 1912. Bleuler también lo conceptualiza, pero habla de preesquizofrenia o de esquizofrenia latente.
Es decir, en sus orígenes, los pacientes borderline fueron estudiados en las instituciones psiquiátricas. Sus repetidos ingresos o sus internamientos prolongados cronificaban sus síntomas, de modo que el «hospitalismo» dificultaba su diagnóstico diferencial con el grupo de las esquizofrenias. En este sentido, Hoch y Polatin sostenían que los borderline eran un subgrupo de las esquizofrenias y lo denominaron esquizofrenia pseudoneurótica, concepto que se difundió mucho en EE.UU.
Dando un salto de más de cien años en la psiquiatría, de Kraepelin a los DSM de la APA, podemos afirmar que la naturaleza y variedad de los síntomas hallados en pacientes borderline hacen de diagnóstico psiquiátrico una tarea imposible. El propio DSM-IV, cuya característica más valorada es la descripción concreta, inicia la delimitación del síndrome con un lenguaje que recuerda al de los psicoanalistas que se ocuparon del tema: «Pauta generalizada de inestabilidad respecto a su propia imagen… Notable y persistente alteración de la identidad…».
Es indudable que esta descripción del trastorno borderline ha supuesto un avance de cara a su delimitación fiable por la psiquiatría. Pero tal delimitación se ve, sin embargo, coartada cuando se utilizan exclusivamente estos