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La polisemia del concepto de objeto en psicoanálisis muestra la riqueza del mismo, pero añade a su vez un elemento de confusión. Así, tenemos objeto de deseo, objeto de identificación, objeto interno, objeto externo, etc. A esto se añade una contradicción importante en la obra de Freud en la concepción del objeto. Nos encontramos con el objeto ligado a la pulsión como intercambiable, sustituible y desplazable, junto a otra concepción del objeto como total, irremplazable y único.
El psicoanálisis contemporáneo ha profundizado de diversos modos en el rol y la función del objeto. Pero a su vez, hablar de función del objeto, o más bien de los objetos parentales, nos lleva a introducirnos en el funcionamiento del niño desde los primeros tiempos de la vida.
Desde esta perspectiva, tenemos que tener en cuenta que el bebé por su inmadurez mayor que otras especies, necesita una mayor dependencia de los padres. Así, nos encontramos con una función objetal desde el comienzo de la vida. La biología no es suficiente para dar cuenta del psiquismo. Es aquí donde aparece la función del objeto.
Freud en «El proyecto» escribe que para que la acción específica se produzca, necesita de la ayuda exterior. Continúa diciendo: «la vía de la descarga adquiere así una función de extrema importancia del entendimiento o comprensión mutua». Por lo tanto, deja de ser una simple función biológica de la necesidad. Podríamos pensar en un primer tiempo en el que el objeto facilita ciertas experiencias decisivas para la constitución del psiquismo, como es el caso de la satisfacción alucinatoria del deseo.
Si Freud insiste en la ayuda materna como fundamental en la evolución del psiquismo, véase «Los dos principios del acaecer psíquico» en una nota de pie de página, en Duelo y melancolía precisará la importancia del objeto por los efectos de su pérdida. En «La negación» Freud desarrolla las ideas de los dos principios, y escribe que la existencia misma de la representación es una carta de ciudadanía que a