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Me propongo abordar en este trabajo la cuestión de la función paterna al considerar que es la que articula de forma fundamental el advenimiento del sujeto en su condición sexuada y cultural. Para la realización de este objetivo voy a hacer un seguimiento del trato que, esta metáfora de la subjetividad, ha tenido en los desarrollos teóricos y clínicos de Sigmund Freud.
Pienso que el tema es importante en la clínica psicoanalítica porque el padre, en tanto interdictor, es el que simboliza al niño como hijo de una pareja, haciendo posible su separación de la madre; razón por la que esta función se convierte en la garante de lo que en nuestra disciplina se ha dado en llamar la cuestión de «la falta» y del «acceso a la erogeneidad».
Es esta función de «corte» la que protege al niño de la posición narcisista de ser el falo de la madre, es decir, un objeto de fabricación materno, que lo puede condenar al goce de la fusión-con-fusión original e imaginaria.
La pertinencia en recuperar esta función en la clínica se sustenta en la constatación de que en los distintos esquemas referenciales, en los que se ha babelizado el psicoanálisis, no siempre se le ha concedido la misma importancia ni significatividad.
En este sentido me parece indispensable señalar que debemos a la importante relectura freudiana propuesta por J. Lacan el resurgimiento de la función paterna en la clínica psicoanalítica. Función que como dice Joël Dor: