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Querido Daniel:
He leído con el interés y detenimiento que merece, creo, tu interesante y bien documentado artículo «A cien años de la función paterna en la clínica freudiana». Pese a suscribir un acuerdo francamente amplio con tus planteamientos me parece oportuno hacer públicas algunas puntualizaciones.
Quisiera empezar recordando como la obra de Freud presenta lo que llamaría una cierta «ambigüedad estructurante», en la que lejos de una actitud lineal y dogmática, unos momentos teóricos son complementados por otros (teorías tópicas, de la angustia, etc.), e incluso en ocasiones parecen existir contradicciones evidentes. Ello ha dado lugar al desarrollo de líneas teóricas (esquemas referenciales) distintas, basadas en ciertos aspectos parciales o momentos de la obra freudiana que, les llevan a divergir incluso sustancialmente.
Por esa misma riqueza y falta de linealidad de ciertas intuiciones freudianas poco desarrolladas, me parece muy atrevido algunas afirmaciones acerca de las intenciones teorizadoras de Freud cuando expresa algunas de dichas ideas, que en ocasiones como decía, pueden aparecer contradictorias con otros pasajes de su obra.
Conviene recordar la extrema complejidad del aparato psíquico, de la que hasta el momento es la obra de Freud la más acabada y abarcativa representación teórica, como afirma A. Green, en contraposición a la limitación de posteriores desarrollos parciales.
Siguiendo el, a mi entender desafortunado, ejemplo de Lacan, Klein, y otros autores postfreudianos, atribuyes a Freud precisiones conceptuales y desarrollos de tu propia cosecha, o de otros autores postfreudianos, y que no podemos encontrar en la obra de Freud más que, en todo caso, como indicios o intuiciones, pero sin la precisión y desarrollo que le atribuyes.
Así el concepto de «falo» de cuya riqueza y pertinencia no me cabe la