You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Se trata de un libro que es, fundamentalmente, el resultado de la investigación clínica y teórica en el campo del psicoanálisis, enriquecidos por los conocimientos e indagaciones realizados desde otras disciplinas, como la filosofía, la epistemología, la antropología y la historia, que han intentado definir, la cuestión de «lo femenino». De ese «eterno femenino» que aparece descrito, en las distintas disciplinas y a lo largo de la historia como «lo oscuro», «lo enigmático», «lo inanalizable», «lo inexistente», o «lo imposible».
Este libro puede ser definido como un diálogo permanente con Freud, en el que la autora, apoyándose en su práctica clínica y en sus lecturas multidisciplinares, trata de desentrañar los impasses que ha padecido el concepto de lo femenino desde los planteamientos binarios tan característicos del pensamiento occidental.
Una característica de este libro, es que sus capítulos no se cierran en sí mismos, de este modo, la autora nos permite ir recorriendo de la mano del «pensamiento complejo» abordajes diversos del tema, que pueden dejar abiertos los interrogantes planteados, o bien desplegar las respuestas en otros capítulos.
Como dice la Dra. Glocer Fiorini: «No es su intención llegar a respuestas definitivas sino señalar o reformular interrogantes frente a ciertas encrucijadas teóricas, ya que entiende que la teoría encuentra alguno de sus límites y sus paradojas al enfrentar su relación con la mujer y lo femenino».
Siguiendo la propuesta dialógica del paradigma de la complejidad, como propone el epistemólogo E. Morin, la autora trata de romper con un modo de pensamiento binario que se basa en la dialéctica polarizada entre lo masculino y lo femenino, el sujeto y el objeto, lo activo y lo pasivo, lo fálico y lo castrado, la naturaleza y la cultura, lo racional y lo irracional con sus respectivas interrelaciones y exclusiones, de modo que lo femenino se liga, a lo pasivo, a la naturaleza, a las emociones, mientras que lo masculino se liga a lo activo