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En su artículo «La sexualidad infantil en la teoría y en la clínica psicoanalítica», Sabin Adúriz considera que rescatar la sexualidad infantil por medio de la constitución de tramas fanstasmáticas es el modo de recuperar el lenguaje erógeno del cuerpo, que es la lengua de lo sensible de nuestras fibras y de nuestros sueños. Esta tarea debe ser emprendida sin olvidar que, si por un lado el niño se constituye en el entrecruzamiento del Edipo de los padres, por otro lado, debemos respetar su estructuración singular, su proceso de aprehensión de los elementos de la estructura en la que él está inserto, sin confundir lo que está presente en los padres con lo que pertenece al niño.
De este modo, el autor va haciendo un recorrido que lo lleva desde la inscripción de lo pulsional, la fijación y la regresión, que le permiten cuestionar al psicoanálisis como un sistema unificado y que su heterogeneidad viene dada por lo pulsional que está en el origen de la sexualidad infantil.
Así Adúriz afirma que debido a que la fijación es sede de inscripción de una imposible renuncia a la satisfacción de la pulsión parcial, como la unificación de las pulsiones parciales bajo el primado edípico no es total, es importante volver a indagar acerca de la articulación entre lo pregenital y lo edípico, porque si bien el complejo de Edipo es el organizador central de la sexualidad infantil, lo pregenital cobra su importancia a posteriori en su contribución a la organización edípica, a través de la regresión y de la configuración del mundo de fantasías.
El artículo termina con una ilustración clínica por medio de la cual hace hincapié en el análisis de los estratos psíquicos como un modo de establecer nexos entre las identificaciones orales y anales escondidas en lo libidinal y en la dimensión edípica.