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El psicoanálisis tuvo que derivar la vida anímica del adulto de la del niño, tomar en serio el aforismo «El niño es el padre del hombre». Ha rastreado la continuidad entre la psique infantil y la del adulto, pero también notó las trasmudaciones y los reordenamientos que sobrevienen en ese camino.
Cuando intentamos adentrarnos en el terreno teórico de nuestra práctica clínica nos encontramos, a menudo, con dificultades a la hora de definir nuestros conceptos psicoanalíticos, tanto por su polisemia como por el uso que los psicoanalistas hacemos de estas nociones o, también, por las diferentes conceptuaciones que el mismo S. Freud y, más tarde, otros analistas han dado a algunos términos en distintos tiempos de sus obras. De esta manera, tanto la sexualidad infantil, lo infantil como la contratransferencia —descubrimientos y nociones pilares del psicoanálisis— se han ampliado en cuanto a su comprensión y extensión con ciertos riesgos de perderse en el terreno de la ambigüedad.
Mi interés es reflexionar sobre estos tres conceptos, partiendo de planteamientos freudianos y posfreudianos, con un intento de articulación y apertura de interrogantes, considerando que la sexualidad infantil está presente tanto en la relación transferencia-contratransferencia como en las formaciones del inconsciente y de la vida del paciente y del analista.
En 1996 A. Green puso en alerta a los psicoanalistas en cuanto al significado de la sexualidad en psicoanálisis, al observar que en los escritos psicoanalíticos y en las presentaciones clínicas —exceptuando algún escrito sobre