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La expresión: el niño en el adulto es el título de un libro de R. Diatkine donde sugiere que el niño en el adulto es sinónimo de eterna capacidad de ensoñación.1
¿Cómo podemos comprender esta frase que resulta aparentemente tan sencilla porque se refiere a conceptos que creemos tener muy integrados en nuestro lenguaje habitual? Nociones como eternidad, capacidad y ensoñación, no parecen ofrecer grandes complicaciones y sin embargo son muy complejas en el terreno del psicoanálisis porque nos plantean cuestiones fundamentales tanto en la teoría como en la práctica. Por ejemplo, un sin cesar se aproxima al concepto de eternidad: el autor dice2 que «la historia, nuestra historia, se escribe sin cesar en una elaboración que familiariza lo nuevo y lo sorprendente», lo que indicaría que en psicoanálisis el concepto de eternidad tiene cabida sin pretender que el tiempo lo contenga todo.
Es cierto que esta visión que tiene R. Diatkine de pensar el funcionamiento mental es muy original porque da un sentido de continuidad en la discontinuidad y porque esta concepción se aparta de la linealidad simplista en la que muchos de nosotros nos vimos sumergidos al principio de nuestra práctica psicoanalítica, pensando que el inconsciente se desvela a partir de las fantasías y que el pasado surge tal y como se vivenciaron las experiencias por el arte de la transferencia, como si el pasado fuera un eterno sin cambios.
¡Nada más lejos de una capacidad de ensoñación! Ya que esta presupone una constante remodelación de esas experiencias bajo forma de cambios sucesivos que impiden la reproducción tal cual de la experiencia inicial. La