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Para mí la mayor dificultad para transmitir el psicoanálisis radica en el hecho de poder reconocer las teorías psicoanalíticas en la realidad de la experiencia humana tanto fuera como dentro de la clínica.
Es claro que las teorías psicoanalíticas tal como Freud quería deben ser extraídas de la experiencia ya sea ésta clínica, cotidiana, literaria, artística, social o religiosa pero después deben volver a esa experiencia una y otra vez para ser contrastadas por ésta.
Recuerdo que en cierta ocasión un científico ajeno al psicoanálisis que me preguntaba por nuestros procedimientos de enseñanza, se mostró fascinado cuando yo le expliqué lo que era la supervisión y es que, efectivamente, la supervisión con el análisis personal de fondo, es un método incomparable porque precisamente se centra en ayudar al supervisado a reconocer en el paciente real lo que ha leído en los libros. Esta tarea no puede lograrse hasta tanto el supervisado no vaya incorporando las teorías a su propia forma de mirar de manera que adquiera una visión psicoanalítica autónoma, cada vez más independiente de lo que está en los libros. Si no lo logra, no hará otra cosa que forzar la realidad observada para que encaje en las teorías como si éstas fueran (alguien lo ha dicho) un horrible lecho de Procusto.
Alguna vez oyendo o leyendo a algún famoso teórico del psicoanálisis me he preguntado cómo sería en su trabajo diario, qué y cómo le hablaría a sus pacientes, qué relación sería capaz de establecer con la realidad psicoanalítica y alguna vez, la oportunidad de una supervisión,