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René Diatkine en su trabajo «¿Y los fantasmas originarios?» se muestra preocupado de entrada por la interpretación psicoanalítica y su referencia crucial a los fantasmas originarios.
El autor rescata tres proposiciones de Freud sobre los sueños: que los sueños son en suma regresiones al antiguo pasado del soñador; que hasta los mejor interpretados guardan un punto oscuro, el ombligo del sueño, donde se vincula con lo desconocido y que los sueños son un compromiso entre dos sistemas. A partir de aquí plantea cómo la búsqueda de lo originario estaría situada en el marco de compromiso entre el preconsciente y el inconsciente, construyéndose a partir de la transferencia, y cómo las fantasías inconscientes permiten dar sentido a eso originario.
Después el autor se pregunta sobre la parte innata y transgeneracional en la constitución de los fantasmas originarios y sobre su grado de analizabilidad: afirma que los fantasmas inconscientes son el producto de un primer trabajo mental del ser humano, realizando R. Diatkine un desarrollo de esta formación de los fantasmas, su prehistoria, el contexto crucial de la pérdida del pecho y de la constitución del objeto-madre retomando las contribuciones de A. Green y enunciando que la pérdida del objeto y la constitución del objeto son dos caras del mismo concepto; para finalizar con el pasaje de la representación positiva y negativa del objeto a las representaciones de esas representaciones básicas.
En el apartado que corresponde al «Tema monográfico»: Gracia Rodríguez en su trabajo «El deseo, una herida narcisista» retoma primero la definición del fantasma como representante paradigmático de la realidad psíquica, en tanto las fantasías escenifican a los deseos sexuales infantiles que el Yo rechaza, mostrándolos a la vez desfigurados, y cumplen las funciones