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Las jóvenes de nuestra cultura ya no están conminadas a quedar encerradas en casa, como sus abuelas, ocupadas sólo en los hijos y en las labores así llamadas femeninas. Pueden desarrollarse como profesionales, artistas, científicas, pueden viajar y conocer el mundo siempre que los síntomas no las detengan, pues el amor o la independencia siguen presentándose como un problema específicamente femenino que hace su aparición en la adolescencia y desde allí nos interpela en la consulta psicoanalítica.
Los estados pasionales de las adolescentes se presentan clínicamente como el reverso de la autonomía femenina en cualquiera de sus ámbitos pues implican el sacrificio extremo en nombre del amor.
Todos los demás aspectos de la vida quedan entonces anulados por este arrebato que nada ni nadie, mientras dura, podrá calmar. La causa desesperada se pone al servicio de una derrota inevitable y mantiene a la adolescente en un destino de fracaso.
Arrebato pasional femenino que cambiante en las formas por las modalidades de los tiempos sigue apareciendo como la tragedia femenina por antonomasia. Morir de amor, real o psíquicamente, concierne también a los hombres, pero en nuestra cultura, se muestra como específico de las mujeres.
Los héroes, interesados por la guerra, la batalla, el adversario, el honor, los asuntos civiles. El discurso pasional masculino suele encubrirse por la razón de Estado. Las heroínas clásicas, en cambio, hablarán desde una verdad personal que atañe a los asuntos de familia, y en último término, del amor.
¿De qué nos advierte la insistencia de esta maldición en la tragedia