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Joan Coderch nos presenta en este libro un recorrido coherente y convincente sobre el protagonismo creciente en psicoanálisis de lo que yo llamaría la «subjetividad educada», y contra los estériles ideales de objetividad. Parte de la idea que los acelerados cambios en la cultura contemporánea (filosofía, arte, sociología, democracia, igualdad de los sexos, moral, globalización) impregnan el pensamiento psicoanalítico al renovar convenciones sexuales y concepciones científicas, y repercuten sobre nuestro modo de concebir la relación paciente-analista. Sostiene que Freud, Marx y los científicos de su época creían que la razón, la ciencia y la inteligencia nos revelarían verdades esenciales, desterrarían la subjetividad de la investigación, y eliminarían supersticiones, religiones y mitos. Pero las catástrofes humanas y ecológicas del siglo XX, y el principio de incertidumbre en física, habrían contribuido a minar las esperanzas promovidas por la Ilustración, y originado como reacción la cultura y pensamiento posmodernos.
Porque para Coderch, entre los Elementos que inciden en la modificación y evolución de las teorías psicoanalíticas, y de la relación paciente-terapeuta, se encuentra, junto con el desarrollo de las neurociencias y la evolución antiautoritaria de las sociedades democráticas, el pensamiento posmoderno, entendido como una reacción al extremo positivismo, neopositivismo y empirismo lógico que impregnaban la ciencia, la cultura, y en general la concepción decimonónica del mundo. Tal pensamiento cuestiona también al psicoanálisis tradicional, desde un concepto nuevo de las relaciones paciente analista que se ha dado en llamar «psicoanálisis relacional», que se caracterizaría por «la insistencia en la importancia de la interacción paciente-analista», por «el papel que desempeña el analista en la transferencia del analizado» y por «el rechazo del modelo del analista como un observador distante que interpreta sin tener nada que ver con lo que ocurre en la mente