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Está dedicado este número de nuestra Revista al tema «De la primera a la segunda tópica». Con este término parcial y reductor es tradición en la literatura psicoanalítica referirse a los dos momentos más acabados de la teorización freudiana sobre el aparato psíquico. El término tópica parece expresar, en principio, sólo un aspecto (tópico) de la riqueza plurimodélica de la metapsicología freudiana, refiriéndose en exclusiva a la diferenciación del aparato psíquico en sistemas o instancias que poseen funciones y características distintas y a las que son atribuibles metafóricamente una ubicación espacial propia. Sin embargo, los aspectos tópicos son inseparables, en la inteligencia del inabarcable problema del aparato mental, de aquellos otros aspectos económicos y dinámicos (e incluso genéticos) cuya conjunción definen la metapsicología, la aventura teorizadora de Freud. Por ello cuando nos referimos a la primera o a la segunda tópica inevitablemente estamos arrastrando toda un concepción teórica cuasi general del aparato psíquico, y muy en especial una teoría pulsional complementaria e inseparable de la correspondiente conceptualización tópica. Quizá deberíamos hablar con más propiedad de una primera y segunda metapsicología.
No podemos entender la primera tópica tal como la expone Freud en el capítulo VII de La interpretación de los sueños, sin el descubrimiento del proceso primario y su singular forma de funcionamiento, de la importancia pulsional de la fantasía inconsciente y las características de la psicosexualidad. Como tampoco podemos entender la segunda tópica (teoría estructural) sin la comprensión de la dualidad pulsional: pulsión de muerte versus eros, y su inseparable y continua dinámica interactiva; de la consideración de la compulsión de repetición y el cambio que implica en la comprensión del funcionamiento pulsional, especialmente lo que llama su tendencia «conservadora».
Por otra parte son dos momentos (topográfico y pulsional) no excluye