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Françoise Coblance nos presenta en estos primeros desarrollos de la obra de Freud, a un Freud conquistador, con la curiosidad, la audacia y la tenacidad propia de esa clase de hombres. Esta aventura y esta conquista están relacionadas con el nacimiento del psicoanálisis.
La fecha elegida es 1886; el encuentro con Charcot que le posibilitó el encuentro con la histeria y termina en 1897 con el abandono de la teoría de la seducción. La autora nos ha mostrado cómo la histeria para Freud fue el objeto privilegiado del paso de lo fisiológico, de donde él procedía a través de sus estudios y desarrollos como neurólogo, a lo psicológico.
El impacto de ese encuentro jugó un papel privilegiado en el pensamiento Psicoanalítico, pues, a través del desprendimiento de la escena psíquica aparece con claridad un cuerpo erógeno que se distingue de un cuerpo orgánico, al comportarse la histeria como si la anatomía no existiera Freud irá articulando nuevas nociones como lesión dinámica o funcional, histeria traumática y la etiología sexual de la histeria en un nuevo sentido, donde se articula el traumatismo y el desplazamiento hacia lo infantil.
Es el tiempo de los orígenes de la técnica y de los desarrollos conceptuales que están vinculados a la relación con Breuer y con Fliess; se van forjando nociones como defensa, resistencia, represión.
La autora nos hace comprender cómo para Freud, de la hipnosis surgen representaciones vinculadas a acontecimientos traumáticos que conservan intacto el afecto que no ha podido ser expresado,