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Lo primero y más importante que tengo que decir es que la ponencia de Milagros Cid me ha parecido magnífica porque, más allá de cualquier discrepancia, me ha despertado mucho interés, me ha estimulado mucho, y, sobre todo, al leerla, he sentido que me encontraba dialogando con una psicoanalista, con una colega. Bion ha insistido mucho en que, en contra de lo que se suele creer, las diferencias entre los psicoanalistas no proceden de pertenecer a una escuela u otra, sino del punto de vista (vértice) desde el cual enfrentan su trabajo. Es así como asegura haberse sentido muy próximo a algunos psicoanalistas no kleinianos y muy alejado de otros de su misma escuela.
Yo comparto esta experiencia, ayudado seguramente en este caso por el hecho de desconocer cuál es la escuela de Milagros Cid, o si le pasa lo que a mí, que ella misma desconoce a cuál pertenece. Esto ayuda mucho porque deja fuera de juego a la acción de posibles prejuicios.
En realidad, lo importante para mí cuando leo un trabajo psicoanalítico es observar si me puedo reconocer o no en la experiencia del autor, si reconozco en su psicoanálisis el psicoanálisis que yo he vivido, si puedo empatizar o no con lo que dice, etc. A veces he comentado, que si yo, en mi juventud, en vez de leer La introducción al psicoanálisis o La psicopatología de la vida cotidiana de Freud, hubiera leído otros textos psicoanalíticos no hubiese conectado nunca con el psicoanálisis. Esto apuntaría a que el vértice desde el cual lo vamos a practicar ya lo traemos con nuestras series complementarias.
En el trabajo de Milagros, efectivamente, reconozco mi propio vértice, mi propia experiencia, sobre todo cuando sus comentarios se hacen más clínicos, porque ya es sabido que las teorías clínicas nos acercan más que las teorías metapsicológicas.
Esta empatía profesional es, creo yo, muy importante para nosotros, porque cuando Milagros Cid me comunica una experiencia semejante a la