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Milagros te felicito por tu trabajo ya que has desarrollado ampliamente qué, a quién y para qué se escucha; y dado que acordamos en muchas cuestiones me gustaría dialogar sobre nuestras discrepancias, fundamentalmente en el cómo se escucha.
Si te he entendido bien, creo que consideras que se escucha por medio de la capacidad de fantasmatización del analista activada por el impacto de lo escuchado sobre el que escucha. Y que eso que se escucha permite encontrar al analista aquellas palabras que recorrerán en el analizando el espacio desde lo ausente a lo representado. Es decir, a raíz de escuchar lo dicho por el paciente, se activaría determinada fantasía —eso que, como acabas de decir, viene inexplicablemente a la cabeza— cuya consecuencia sería el surgimiento de alguna construcción verbal en el psiquismo del analista que, formulada al analizando, creará un sentido donde no lo había.
De modo que las palabras que acaba escuchando el analista han desbordado en significado lo dicho por el paciente y por ello tiene algo diferente para interpretarle. Mi opinión es que ese desbordamiento de significado, ese plus que escucha el analista, surge en su psiquismo ya desprendido del lenguaje del paciente que le dio origen.
Se trataría de un proceso de transformación en el psiquismo del analista debido a la regresión narcisista; regresión narcisista que es la precondición para poder sublimar lo pulsional que activa todo analizando. Esto supone que la experiencia que narra el analizando devenga un proceso interior, una fantasía del analista. Pero regresión también en la forma desde el pensamiento verbal al perceptual. Algo que tocas de pasada cuando sostienes que la escucha más cercana a la identidad de percepción puede permitir encontrar momentos fecundos en ciertos momentos del análisis. Mi opinión es que no se trata de ciertos momentos privilegiados de un proceso, sino que la escucha empático-intuitiva del analista, basada en la capacidad asociativa que le proporciona su atención