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Milagros, te felicito por la magnífica ponencia que has presentado. Estoy de acuerdo con la gran mayoría de tus planteamientos, y quiero comentar únicamente lo que dices sobre la dificultad para tolerar la angustia, que puede provocar en el analista la búsqueda desesperada de sentido, adoptando una actitud excesivamente calmante y protectora. Así es como podemos encontrarnos con pacientes que están atiborrados de significados, sobre todo algunos pacientes «psi», y todos aquellos que son adictos a la interpretación tranquilizante, pues no toleran la angustia y la ausencia de sentido.
Pienso que Lacan orientó bien la escucha analítica cuando recomendó prestar más atención al significante que al significado. Freud lo hacía intuitivamente desde los comienzos, cuando estaba descubriendo el inconsciente, e interpretaba el sueño a partir de un elemento, imagen o palabra, que aislaba del resto. El primer sueño de Dora, por ejemplo, gira en torno al significante «joyero», que la madre quería salvar del incendio. Joyero no está estrechamente ligado a un significado en particular, sino que viene a ser como un carrefour en el que convergen una serie de posibles significados que giran en torno al misterio de lo femenino y a los intercambios amorosos entre hombres y mujeres, que eran los temas que apasionaban a Dora.
La escucha del significante puede aproximarnos al inconsciente, mientras que la escucha de los significados puede producir esa saturación de significados a que acabo de referirme. La situación analítica es simbólica y simbolizante, pero muchas veces lo que hay no es una falta de simbolización sino un exceso. En estos casos, lo ya simbolizado forma un núcleo compacto que se repite compulsivamente y que impide que se puedan realizar nuevas simbolizaciones necesarias para producir nuevas transformaciones. No es lo mismo crear sentido donde no lo había que añadir más sentido donde ya lo hay de sobra. Cuando se da esta circunstancia es menester crear un vacío, abrir un huec