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Escuchando hablar sobre la escucha psicoanalítica me quedo con la impresión de la complejidad: como si hubiera múltiples escuchas. Por ejemplo escuchamos cómo escucha el paciente nuestras interpretaciones.
Entiendo que existe una «escucha psicoanalítica» y la complejidad estaría basada en que podemos orientar esta escucha hacia la comprensión de diferentes registros de comunicación paciente ↔ analista.
1. Lenguaje verbal. 2. Comunicación emocional. Y no entiendo por qué oponer comunicación por el lenguaje y comunicación no verbal, o por qué primar una sobre la otra. Al contrario tendríamos que entender cómo diversos modos de inteligibilidad se articulan entre sí y sobre los que podremos investigar sus fundamentos comunes. Teniendo en cuenta, como lo señala A. Green, que sin afecto no existe lenguaje afectivo y sin lenguaje no existe afecto efectivo.
Y si consideramos la existencia de un área presimbólica con contenidos: percepciones-sensaciones-emociones… susceptibles de adquirir un significado (mentalización), si encuentran las condiciones adecuadas, la escucha se complejiza aún más.
Pero hemos de distinguir las posibilidades de comprensión y la riqueza que nos ofrecen estos variados registros de comunicación; de los excesos de información, por parte del analista, que satura y obtura la posibilidad de manifestarse el paciente y poderlo escuchar.
Un aspecto de esta escucha es que es activa no sólo porque es el resultado de crear un espacio interno de escucha atenta (sin memoria ni deseo) dispuesto a acoger aquello desconocido (hasta sorprendente) que nos trasmita el paciente, sino que además nos dejaremos influir, transitoriamente, por estos contenidos en una relación dinámica continente ↔ contenido (analista-paciente) orientada hacia el crecimiento mental de ambos.