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Sin una teoría uno no ve lo que encuentra, pero con una teoría se puede encontrar lo que se busca. Paradoja con la que convivimos y que puede ser utilizada como punto de partida para una reflexión acerca de nuestra relación con la teoría, en particular con la de la escucha.
Si se habla de interferencia en la escucha psicoanalítica, nos estamos refiriendo a aquellos factores que se interponen en el camino de una recta comprensión del material de un paciente. En principio, algo que siempre perturba. El Diccionario de la Lengua Española define interferencia como la acción y efecto de interferir e interferir, de que elegiré dos acepciones: 1) cruzar, interponer algo en el camino de una acción o cosa; 2) comunicación: introducirse en la recepción de una señal otra extraña y perturbadora.
Ambos significados apuntan a la idea de la distorsión de un proceso: introducir algo «extraño» y «perturbador», es decir, que no pertenece a la comunicación y, por lo tanto, la perturba.
Para limitarme al tema que nos ocupa tomaré como objeto de reflexión el de la contratransferencia.
¿Es la contratransferencia una interferencia en la escucha?
A modo de hipótesis adelantaré una idea: quizá haya que pensar que lo que es interferencia para una teoría puede no serlo para otra; y, más aún, quizá cada teoría es productora de sus propias interferencias.
Para desarrollar mi idea pasaré revista, sumariamente, a algunas posiciones teóricas respecto de la contratransferencia:
Concepción restringida: es aquella sustentada por Freud desde 1910 que la concibe sólo como una perturbación producto de la neurosis y resistencias del analista. Su consecuencia es la producción de puntos ciegos en la percepción del paciente determinando que «cada analista llega hasta donde se lo permiten sus propios complejos y resistencias interiores». No es un instrumento
de comprensión del analizado sino exclusivamente una resistencia. La conducta adecuada sería «…exigirle que la discierna dentro de sí y la domine» (Freud 1910