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Cuando me hicieron la propuesta de participar en este debate, la imagen que me vino es, en la sesión, ¿cómo escucho?, y qué problemas se pueden plantear en la escucha, qué dificultades y con qué seguridades o apoyos internos cuento. «En qué medida la metapsicología, o más bien una metapsicología, nutre el pensamiento de todo analista en situación clínica. Es un encuadre del cual todos tenemos necesidad para situar nuestra comprensión de los acontecimientos psíquicos observados en la cura, para que la revisemos a partir de lo que dice o lo que todo ello trabaja en nuestros pensamientos.»1
De entrada pienso en un elemento temporal, no escucho igual en una primera entrevista, en un encuentro en el curso de un tratamiento establecido, o en el final de éste. ¿Cuáles son las diferencias y qué privilegio en cada momento en mi escucha?, más bien desearía que este trabajo me sirviese de reflexión sobre lo que, de hecho, hago.
Por otra parte, existe otro problema, que en un principio lo pensé como escucha, y es más bien qué elementos tomo para construir una interpretación. Porque ¿no es eso para lo que escuchamos? Se escucha para interpretar, pero no todo se interpreta.
En la escucha no elijo qué interpretar, me refiero a privilegiar: un proceso defensivo que aparece claro, los elementos que colorean y acotan su discurso, como más teñido de una fase libidinal u otra, o los aspectos que me comunican su momento transferencial. Me guío a través del sentido, y es sólo en un momento de après-coup cuando puedo reflexionar sobre mi interpretación y mi escucha. «Es la construcción del sentido lo que puede ser formalizado après-coup en términos de análisis del ello o del yo, del fantasma de la defensa.» Esta posteridad en la escucha es clave.