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Desde hace cien años, en que Sigmund Freud introdujo las tres premisas fundamentales de la Metamorfosis de la Pubertad, la adolescencia o mejor dicho el «estado mental adolescente», ha devenido campo de investigación y trabajo clínico con particularidades que intentan definirlo en su especificidad. En los Tres ensayos sobre la sexualidad (1903-1905) definió a esas premisas fundamentales como: 1) la subordinación de la pre-genitalidad a la genitalidad; 2) el establecimiento de nuevos objetivos sexuales-heterosexuales, y 3) la consolidación de la exogamia, es decir, el encuentro con nuevos objetos sexuales al margen del contexto familiar.
Señaló también Freud (nota agregada en 1920) que las fantasías del período de la pubertad continúan la investigación sexual de la niñez y entre las fantasías sexuales sobresalen algunas que se caracterizan por su universalidad. «Así, las fantasías de espiar con las orejas el comercio sexual de los padres, de la seducción temprana […], de la amenaza de castración, aquellas cuyo contenido es la permanencia en el vientre materno y la llamada “novela familiar”, en la cual el adolescente reacciona frente a la diferencia entre su actitud actual hacia los padres y la que tuvo en su infancia» (Freud, 1920-1905). También en 1908, nos advirtió acerca del doloroso proceso de desidealización de las imagos parentales que se lleva a cabo en la adolescencia. Decía entonces: «Contemporáneamente a la desestimación de esas fantasías incestuosas, se consuma uno de los logros psíquicos más importantes, pero también más dolorosos, del período de la pubertad: el desasimiento respecto de la autoridad de los progenitores, el único que crea la oposición, tan importante para el progreso de la cultura, entre la nueva generación y la antigua» (Freud, 1905-1908).