You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Al entrar en la pubertad y adolescencia, le llega el momento a la joven de definir su identidad y reestructurar su psiquismo. La adquisición de la feminidad, si todo va bien, será el resultado de la interiorización y remodelación de los vínculos de amor/odio/dependencia y rebeldía que la unían a los padres de la infancia. Relación muy compleja por cuanto interviene lo maternal-femenino, lo paternal-masculino y lo infantil-adolescente.
El Edipo adolescente reactiva el complejo de la época infantil y confronta a la joven con la temida regresión libidinal, de la que se defenderá con todos los mecanismos que la evolución infantil y el afianzamiento yoico que tuvo lugar durante la latencia, le permitan. P. Blos piensa que la principal tarea adolescente es enfrentar la regresión y resolver el edipo negativo la estructuración del Ideal del yo, siendo su consecuencia. Y esto es así, porque, durante la latencia, el superyó heredero de la resolución del complejo de Edipo positivo, apuntalaba al yo y le protegía de la ansiedad de castración. Ésta ya no será igual durante la adolescencia.
«Lo femenino se conquista contra la madre, pero se construye con ella.» Este tópico encuentra su expresión literaria en un cuento de Luis Buñuel, «Historia decente. Historia indecente», que les leo a continuación.
Carmencita era muy dócil. La inocencia de Carmencita era proverbial. Su madre vigilaba por ella noche y día, y ponía frente a su hija la muralla de su vigilancia, contra las añagazas del mundo. La madre, al llegar Carmencita a los 12 años, se mostraba preocupadísima. «El día que mi hija menstrúe por primera vez —pensaba— adiós a su dorada inocencia.» Pero llegó a solucionar el problema. Cuando vio ponerse pálida a Carmencita por primera vez, se echó a la calle como una loca y al poco volvía con un gran ramo de flores rojas. «Toma, hija mía, toma, ahora empiezas a ser mujer.» Y Carmencita, engañada y contenta con aquellas maravillosas flores rojas, se olvidó de menstruar. Todos los meses