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Ángel tenía ocho años cuando fue enviado a mi consulta por consejo de su pediatra. El motivo de consulta era un miedo paralizante cuando comenzaba a anochecer. No podía quedarse ni un momento solo en casa, ni tampoco irse a dormir solo a su cama. Cuando, con mucha dificultad, conseguía quedarse dormido, poco tiempo después se despertaba sobresaltado y muy angustiado solicitando la compañía de los padres. Los padres estaban agotados. Ángel también estaba muy cansado y había disminuido sensiblemente su rendimiento escolar. Este problema había comenzado hacía varios meses tras haber visto la película de Harry Potter y la piedra filosofal, lo que le aterró, fundamentalmente, fue la visión de las dos caras de Voldemort, cuando, casi al final de la película, Harry Potter se enfrentaba a uno de los profesores de la escuela, y éste se quitaba el turbante que llevaba en la cabeza mostrando un doble rostro; una de las caras, era la de Voldemort, que necesitaba el cuerpo del profesor para sobrevivir, y aparecía como arrugada, envejecida o momificada. Voldemort era el mago que mató a los padres de Harry y quiso, sin conseguirlo, matarlo también a él, dejándole como recuerdo de su intento una cicatriz en la frente.