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Como cualquier gran concepto psicoanalítico, el concepto traumatismo unifica varias modalidades psíquicas y metapsicológicas cuyas consecuencias conllevan unas diferencias fundamentales, tanto en la organización como en el funcionamiento mental del sujeto. Generalmente, el término traumatismo se utiliza cuando intentamos designar el impacto psíquico de un acontecimiento (una separación, un duelo, un accidente, une enfermedad, etc.) que ha marcado dolorosamente la existencia de una persona.
Sin embargo, aunque este término designe conjeturas psíquicas que presentan aspectos clínicos muy distintos y cuyos efectos se pueden delimitar el plano metapsicológico, conviene recordar que el traumatismo no existe «en sí». Lo que existe son las teorías, las concepciones, los modelos de pensamiento que nos permiten dar cuenta de las modalidades clínicas y de los procesos psíquicos relacionados con los acontecimientos traumáticos, tanto internos como externos.
La noción de traumatismo puede servir tanto para indicar el ámbito de la potencialidad traumática en el origen de cualquier funcionamiento psíquico y que, por este hecho, participa tanto de la génesis como de la organización de lo infantil, de la pulsión y del deseo pudiendo señalar a la vez los fallos de la modalidad de gestión del psiquismo del sujeto, frente a un acontecimiento con potencialidad desorganizadora. Como las desorganizaciones generadas no son siempre de la misma naturaleza, hablar de traumatismo en un sentido únicamente genérico no permite siempre saber a qué nivel del psiquismo actúa la acción traumática. En efecto, podemos considerar que existe una diferencia cualitativa entre el traumatismo que desorganiza el