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Todas las fases de la construcción de la teoría psicoanalítica han tenido influencia sobre el concepto actual de trauma y su evaluación clínica (Fenichel, 1937). Voy a dividir, de manera algo arbitraria, el período total de investigaciones psicoanalíticas en cinco etapas. Se trata de una división artificial que tiene como objeto mostrar las ideas nuevas que surgen en cada etapa. Cada una de ellas no anula a la otra. Caminan en paralelo, reforzándose y corrigiéndose en parte mutuamente, y en cada ocasión se incorpora un nuevo ramal a la creciente complejidad de la metapsicología psicoanalítica.
En la primera fase, de 1885 a 1905, mientras Freud postulaba los conceptos básicos para la comprensión del inconsciente —trabajo del sueño, procesos primario y secundario, aparato psíquico, formación de síntomas, y la etiología de la histeria y de la neurosis obsesiva— el concepto de trauma jugó un papel vital y muy significativo (Freud, 1893, 1895). El trauma se concebía esencialmente como: a) un factor ambiental que se impone al yo, que no consigue procesarlo a través de la abreacción o de la elaboración asociativa: «los pacientes histéricos sufren de un trauma psíquico abreaccionado de forma incompleta» (Freud, 1893); y b) un estado de energía libidinal estrangulada que el yo no puede descargar. El paradigma de esta situación traumática es la seducción sexual. Contamos con un vívido relato del propio Freud (1887-1902, carta 69; también 1914b) y de Jones (1953) que describen cuán frustrado y desmoralizado se sintió Freud al descubrir que estos hechos traumáticos de seducción no habían ocurrido nunca en realidad. Durante esta fase, la teoría correspondiente sobre la angustia es: «La angustia neurótica es libido sexual transformada» (Freud, 1897). El mecanismo de defensa fundamental que se toma en consideración es la represión.