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En 1885, Freud se dirige a la Salpetriére para ampliar sus conocimientos de anatomía patológica, atraído por la reconocida figura de Charcot. La histeria ha sido elevada por este famoso neurólogo a la categoría de enfermedad nerviosa, escapando así al estigma demoníaco que arrastra desde la Edad Media. Charcot centra el debate sobre ella. La considera una enfermedad nerviosa producida por un trauma psíquico: un shock, a la manera de una conmoción mecánica da lugar a una escisión de la conciencia. En dicho estado, ideas intensas fijas no encuentran su tramitación normal actuando en el psiquismo a la manera de «un agente provocador» y, tras un período de incubación, ocasionan los síntomas. Por su semejanza con los síntomas de las neurosis traumáticas Charcot denomina a esta afección «histeria traumática».
Freud y Breuer partirán de esta teoría de la que pronto se alejan, remitiendo desde los inicios al factor económico del trauma. Lo conciben como el resultado de una suma de afectos intensos desencadenados por un acontecimiento antiguo (o un conjunto de ellos) que un yo debilitado no podrá tramitar por los procedimientos adecuados, pudiendo generar un síntoma. Pero el posterior descubrimiento de la sexualidad como pulsión (libido) o excitación interna, y su especial devenir en dos tiempos, irá modificando la concepción primitiva, llevando a Freud, ya en solitario, hacia la concepción del «trauma psíquico sexual» como resultado de un conflicto intrapsíquico. Situado en la base de la etiología de las neurosis de defensa constituye el nódulo esencial de su primera tópica, desarrollándose conceptualmente desde 1895 hasta 1920, con una remodelación del mismo en 1917.