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La vergüenza, hasta ahora la «Cenicienta de las emociones desagradables» (Rycroft, 1968), merece un papel central en la teoría psicoanalítica, junto a la angustia y la culpabilidad. Un repaso a la literatura, junto con estudios clínicos y teóricos míos propios, me ha llevado a definir la vergüenza (el concepto) como la señal afectiva y cognitiva de la inminencia del pasaje desde el «narcisismo del self» al «narcisismo de objeto» (Kinston, 1980, 1982). En este trabajo pretendo describir las características del sentimiento de vergüenza y de la zona «gris» de vivencias afines (ej. inferioridad, fracaso, culpabilidad, agresión), mediante un breve repaso de la literatura psicoanalítica. Veremos que estos sentimientos encajan perfectamente en el concepto que acabo de definir: utilizaré la teoría asociada del narcisismo para analizar otras consecuencias fenomenológicas y teóricas.
Para hacer una descripción detallada de la vergüenza, además de contrastar las múltiples observaciones clínicas psicoanalíticas, es preciso revisar también los trabajos de otros autores. Los psicoanalistas han llamado la atención sobre lo característico de la vergüenza, es decir su relación con la exhibición del self y el temor al rechazo, su relación con la sexualidad y su ausencia en la perversión, su relación con el sonrojo y el deseo de ocultarse, y el fenómeno de la propensión a la vergüenza. Algunos autores no psicoanalíticos también señalan características cruciales de la vergüenza que debemos o comprenderlas desde un modelo psicoanalítico o desecharlas. Por ejemplo, la Biblia considera la aceptación de la vergüenza como el compromiso extremo. Shakespeare nombró mucho más frecuentemente la vergüenza que la culpabilidad, asociándola con la verdad y el honor más que con la inferioridad o la perversión. Nietzsche vinculó la vergüenza con la pérdida de individualidad y voluntad.